La desescalada de opioides: un desafío persistente en pacientes de alto riesgo
Un estudio retrospectivo de cohortes en beneficiarios de Medicare mayores de 65 años con uso crónico de opioides revela que las tasas de interrupción del tratamiento son notablemente bajas y similares entre pacientes con y sin cirrosis. Tras un año, solo alrededor del 37% de los pacientes en cualquier grupo había dejado de tomar opioides. La investigación identificó que el uso de analgésicos no opioides, un historial de caídas y la fragilidad aumentaban significativamente las probabilidades de una reducción gradual de la dosis. Curiosamente, las tasas de desescalada fueron más altas antes de la pandemia de COVID-19, especialmente en pacientes sin enfermedad hepática, lo que sugiere un impacto disruptivo de la crisis sanitaria en las prácticas de prescripción.
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Este análisis de la farmacoepidemiología de los opioides en una población vulnerable ilustra cómo factores sistémicos, como una pandemia, pueden alterar las trayectorias de uso de medicamentos con alto potencial de toxicidad. Para un toxicólogo, comprender estos patrones de prescripción y desescalada es crucial para modelar la exposición a fármacos en poblaciones con comorbilidades complejas, donde la interacción entre la enfermedad de base y la farmacoterapia puede modificar el riesgo. Los hallazgos subrayan la necesidad de considerar el contexto clínico y social más amplio al evaluar los riesgos asociados con las terapias a largo plazo, un principio aplicable al estudio de interacciones huésped-patógeno-toxina.
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